
Presiento el perfume de tu vientre impregnando mi piel,
Mientras reposas tu cuello en la calidez del mío,
Saboreando el néctar que despiden tus labios de miel
Abrigando tu ser a mi alma que moría de frío.
Percibo el canto de tu corazón susurrando a mi oído,
Cuando mi mente baila de gozo al escuchar hondo tu suspiro,
Cautivando al deseo con la caricia de tus fuertes latidos,
Al compás de tus dedos en la espalda alterando mis sentidos.
¿Será qué sueño lo que ya he vivido y vivo contigo lo que jamás soñé?
Porque de ser así te bendigo… dulce sueño terrenal, ancestral y virginal,
Más allá de lo soñado, más que un cielo dibujado, yo jamás te imaginé,
Mas tu esencia grita al viento que mis sueños son pequeños… todo puede ser real.
Siento el roce de tu sexo, ¡tórrido de placer!
Tiento el ceño de tu gesto, ¡harto de pasión!
Palpo tu cuerpo erizado, ¡dispuesto a poseer!
Todo un sueño que al instante se vuelve mi mayor razón.
Es un sueño no soñado, pues la vida me ha premiado, con lo más inesperado.
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