domingo, 24 de julio de 2016

EL AMANTE

Entre la humedad precaria de la sábana que envuelve el sueño Y el aroma seco del colchón que reposa al inconsciente, Se percibe el ardor podrido de la dulce soledad, Del ácido pasar del tiempo, y el amargo rostro sonriente… que se pretende encarar. La luna no da brillo al amanecer, cuando algodones quemándose en el sol se saborean. La soledad, una vez más, la soledad perfecta para una reunión entre amantes. Esos amantes… amándose antes de la caída fortuita del sol sobre el asfalto. Ésos, que no son amantes del amor, sino esclavos del dolor fangoso. Un torrente de emociones apagadas ante la noche, Se consumen y devoran en un beso incoloro, Sediento ante un espejismo perpetuo, Entregándose incapaces al sentir inexistente. Al sufrir tan conveniente… sin culposa consecuencia. Entre la fría utopía que regala un momento al desgraciado Señalando en el rostro al radiante desdichado Y el cálido sabor de una copa de suspiros inventados, Aquel amante… te sostiene de pie en aquella noche más larga que una vida. Rubén Egeo May, 2016